Pero ahora en los albores de los tiempos, era el más abandonado de los perros. Su alimentación se basaba en lo que los contenedores podían ofrecer. Unos días, faneca a la monda de plátano, otros días, hígado de gato casero en salsa de chapapote, presentado en calcetín sudoroso con musgo del país. Su mayor ilusión era catar el vino Don Simon que solía aparecer en fines de semana, para diferenciar los aromas de dónde provenía: de adolescente pasado de heroina (más salvaje y salado), de encarnado vagabundo que habla con las señales de tráfico (más afrutado y espumoso, con lejanas pinceladas de babilla).
Mistetas lo había sido todo. Ya no es nadie. La noche pesa ahora como una losa..... pero una de las grandes. Las únicas risas que escuchaba eran las de las gaviotas en celo de Orillamar.
....qué vida más perra.... se decía a sí mismo. Una lágrima le corría por la cara. Sólo la muerte podía acabar con el perro más ergonómico y alicatado del planeta.
No lo abandones....él nunca lo haría....apadrina un Mistetas.

1 respuestas inútiles:
Yo mejor apadrino a un niño ytuporaki, o oyeperdona que estan mas necesitados...pero si veo a mistetas con mucho gusto lo abrazare.
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